Contra Returns

B

¿Quieres desafiarme? ¡Cuando quieras!.

El hombre a quien todos conocen como el guerrero Contra más fuerte. Durante la crisis del Ejército GX, Bill se vio obligado a luchar contra su mentor, el coronel Bloodaxe, quien estaba bajo el control alienígena. Cuando no está cumpliendo misiones, se dedica a la búsqueda de Melinda, la hija de su mentor.

Son las últimas horas de la tarde, y el sol comienza a caer en el horizonte. Las cumbres ensombrecen el curso del río Colorado, caudaloso e imponente por un momento y, luego, apenas perceptible. Bill Rizer, quien llevaba un rato colgado del borde de un precipicio, vuelve hábilmente a la cima con un espontáneo giro de 180 grados y una flexión invertida. Como el resplandor del sol se ha atenuado bastante, Bill aprovecha para abrir bien los ojos y disfrutar la vista del cañón que tiene frente a él. De vez en cuando, los rayos del sol poniente caen sobre un distante trozo de roca o grava con el ángulo perfecto y generan destellos similares a los de las estrellas.

Bill saca un puro de una caja e inhala profundamente. Puede oler el delicado aroma del cacao característico de los auténticos puros cubanos. Es un perfume del que no puede librarse, como sus recuerdos de Melinda. Puede que Bill Rizer sea un miembro veterano del equipo Contra y su guerrero más fuerte, pero también es una persona sensible. Bill lleva casi un año recorriendo el mundo en busca de Melinda. Cada vez que recibe alguna noticia, parte de inmediato. Sus motivaciones yacen no solo en su amor por Melinda, sino también en su profundo sentido de la responsabilidad. Si bien le da vueltas a la idea de abandonar el equipo Contra para dedicarse de tiempo completo a la búsqueda, Contra es una obligación que no puede abandonar así como así. Por razones que solo ella conoce, Melinda ha decidido no ver a Bill nunca más. Todo lo que puede hacer ahora es esperar que Bill vuelva de sus misiones sano y salvo.

Bill juega con la caja de puros que tiene en la mano. Es una hermosa caja con rayas plateadas que cruzan su base de cedro. La caja fue un regalo de Melinda. Hoy es la única conexión que Bill tiene con Melinda, ya que todo se encuentra enterrado en algún lugar del cañón. En sus días libres, a Bill le agrada ir al cañón solo. Aquí, tiene todo el espacio que necesita para él mismo y para pensar.

Entre los sonidos de un helicóptero que se aproxima, se oye una voz: "¡Rizer! ¡Responde si puedes oírme!". Es la voz del coronel Bahamut.

"¡Sí, señor!". Bill se pone de pie y saluda con la mano al helicóptero.

"Se acabó tu descanso. Sube, volveremos a la base. Operadora Tina te informará sobre la misión".

"¡Sí, señor!". Bill se agarra de la escalera de sogas del helicóptero, que da un giro veloz alejándose de la cumbre.

"Bill, ¿por qué sigues ahí abajo?". Es la voz de Lance Bean. Ya pasó bastante tiempo, y Bill ya debería haber subido.

"Primero debo terminar el puro", responde Bill con calma mientras se sostiene de la soga con un brazo y le da una pitada al habano con la otra. La corriente que desciende de las hélices aleja rápidamente el humo del puro, que se pierde abajo en la distancia, y le aplana el dorado cabello sobre la cabeza. Sus pies cuelgan inseguros a tan solo unos metros de las cumbres que se pierden rápidamente detrás de él.

El helicóptero se dirige al oeste, camino a la puesta del sol, y el compás de una melodía conocida empieza a sonar en la aeronave.

La noche cubre el helicóptero mientras Bill finalmente sube a bordo.

"Lance, viejo amigo, ¿dónde has estado?". Bill bromea con Lance dándole un codazo, y Lance se lo devuelve. Ambos comienzan a forcejear en la angosta cabina del helicóptero mientras se hacen burlas esporádicas. Es como si Bill nunca se hubiera ausentado, como si se hubieran visto ayer.

Un largo vuelo puede causar sueño, pero Bill no cierra los ojos ni por un momento, solo observa a sus camaradas entregarse a los brazos de Morfeo o se toma un breve descanso. Bill había salvado a Lance en la isla anteriormente, y Lance había salvado a Pulse. En una ocasión, él y Lance también habían rescatado a Operadora Tina. Bill sentía que la vida del soldado no era nada más que eso: eliminar gente, rescatar gente y ser rescatado. Sí, una vez, llegó el turno de Bill de ser rescatado… en cuerpo y alma. Lo salvó el coronel Bloodaxe, del Ejército GX, quien era su mentor y el padre de Melinda.

Antes de convertirse en miembro del recién creado equipo Contra del coronel Bahamut, Bill era la mano derecha del coronel Bloodaxe. En aquel entonces, el coronel Bloodaxe era para Bill lo que Bill es para los jóvenes reclutas del equipo de hoy. Era el paciente mentor de Bill, un hombre que luchaba con valentía junto a sus hombres contra viento y marea.

En el año 2634, Bill, quien en ese entonces ya era el guerrero más fuerte, recibió la orden de investigar las misteriosas circunstancias en torno al Ejército GX. Había algo en todo ese asunto que lo ponía un tanto incómodo. ¿Y si tenía algo que ver con lo que había ocurrido en el archipiélago Galuga justo el año anterior…?

La imagen que recibió a Bill mientras el helicóptero de la fuerza se acercaba a la base del Ejército GX era realmente impactante. Toda la base estaba envuelta en un mar de fuego. Los oficiales y hombres del Ejército GX, quienes habían caído bajo el control alienígena, estaban destruyendo su propia base. Estaban demoliendo una a una las estructuras de los edificios y prendiendo fuego los vehículos. Asaltaban los objetivos uno tras otro.

El helicóptero de Bill aterrizó en una ladera fuera del perímetro de la base, donde vio a un hombre tropezándose hacia él. Era el coronel, su maestro, cuyo rostro se había desfigurado de manera repulsiva por el control alienígena. "Coronel…". Bill apenas pudo decir esta palabra, cuando vio al coronel levantar el arma y comenzar a disparar al helicóptero. A esta escena la siguió inmediatamente el sonido de los proyectiles contra el metal a solo unos centímetros de donde estaba él. Bill no tenía otra alternativa más que devolver disparos de advertencia. Con el helicóptero entre ellos, ambos se enfrentaron un buen rato hasta que se quedaron sin munición. El coronel, blandiendo el hacha de combate que siempre había llevado con él, arremetió contra su pupilo. En respuesta, Bill levantó su daga e intentó bloquear el ataque del coronel. Los dos hombres cayeron al suelo mientras luchaban e intentaban derrotar al otro. El hacha del coronel se acercó lentamente al cuello de Bill, y se dejó ver un delgado surco de sangre. Fue en este momento crítico que el coronel dudó de repente y entró en razón por un breve instante. Sin embargo, era demasiado tarde para que Bill se detuviera, y su daga ya se había hundido en el pecho de su mentor.

"Pero, coronel… ¿Por qué?".

"No te preocupes, Bill. Como siempre he dicho: 'Cuando estés en el campo de batalla, mantente siempre alerta".

"Señor, ¡lo sacaré de aquí!".

"No, olvídalo…". El coronel se desplomó contra el suelo y le dijo a Bill con gran dificultad: "Encuentra a… Melinda… No importa lo que suceda… a ella… Ve… Haz… lo que debes hacer…".

La fatigada respiración del coronel se detuvo poco a poco. Entregó su oportunidad de vivir a su protegido, junto con la misión de su vida. Este fue el momento en que Bill decidió que cobraría venganza. ¡Debe despertar para convertirse en un verdadero guerrero Contra!

El helicóptero ahora sobrevolaba el campo aéreo de la base y estaba por aterrizar. Bill, con la Gatling en manos y de pie junto a la puerta del helicóptero, observa el cielo nocturno. Definitivamente, es una noche clara y estrellada.

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B

Escuché que querías probar la nueva arma que fabriqué.

En el medio de la batalla, con su aldea natal arrasada por completo en torno a él, Lance había sobrevivido. Se convirtió en mercenario a temprana edad y recibió el sobrenombre Parca por su insólita habilidad para sobrevivir mientras todos caían a su alrededor. Con el paso del tiempo, su nombre verdadero quedó en el olvido. Había conocido a Bill Rizer tras su captura por el Ejército de la Mancomunidad durante una misión. Bill, impresionado por la gran demostración de lealtad y carácter de Lance, convenció a la Infantería de Marina de la Mancomunidad de que le abrieran sus puertas.

"¡Bingo!". Al fin estaba listo el nuevo rifle de asalto láser cuántico de doble propósito. Sin embargo, el sentimiento de júbilo de Lance solo le duró un momento. Después de todo, esto era parte de su trabajo. "¡Oye! ¡Atrápala!". Lance le arroja el arma a Bill, quien había estado aburriéndose por días en el banquillo mientras Lance trabajaba en ese proyecto. "Aquí vamos otra vez… Es solo otra arma…". Bill murmura algo mientras sale de la habitación.

Al rato, Bill abre la puerta de un golpe y grita: "¡LANCE! ¡¿Pero qué clase de arma es esta?!".

Lance no se inmuta, ni siquiera aparta la mirada de lo que está haciendo. Espera a que Bill diga algo más. Esto no era nada raro para él, sobre todo, cuando Lance acababa de inventar un nuevo juguete. "¿Y ahora qué pulverizaste…?", le pregunta Lance con tono irónico.

"Como te demoraste tanto con esta, ¡estaba medio dormido! El seguro no estaba activado y no le estaba prestando demasiada atención, así que apreté el gatillo y, por accidente… Como sea, la sala del intercambiador de calor láser-solar… ya no está". Bill, serio, le responde desde la puerta.

"Mmm, ¿y esa cuál era?", le pregunta Lance con el ceño fruncido.

"El cuarto de las calderas".

"¿Y?". Lance se apresura a echar un vistazo.

"La estación de profilaxis epidérmica humana estará fuera de servicio por hoy".

"Este… ¿Y esa sería…?".

"Las duchas ya no tienen agua caliente".

Lance se detiene, se da la vuelta y mira a Bill con los ojos entrecerrados. Es evidente que Bill va a meterse en grandes problemas. Con un poco de suerte, Lance podrá evitar que el coronel Bahamut pierda la cabeza.

Lance Bean, miembro legendario del equipo Contra y especialista en armas. Todas las armas utilizadas por el equipo Contra salen del taller de Lance. Entre sus compañeros de armas, se comenta que Lance empezó modificando armas cuando era solo un pequeño. Nadie lo sabe con certeza (después de todo, la gente solo repite lo que escucha), pero este rumor en particular era cierto. Desconocen no solo que el legendario Lance comenzó modificando armas cuando era muy joven, sino que también la primera víctima que murió a manos de él, en realidad, era un miembro de la Infantería de Marina.

Las habilidades e instintos de Lance nacieron como consecuencia de un horroroso incendio. Sus primeros recuerdos son los de una aldea arrasada por completo, lamentos y cadáveres a su alrededor. Cada vez que recuerda estas cruentas imágenes, parece oír los penetrantes gritos de desesperación. Sin embargo, un recuerdo que no ha guardado en su memoria es el dolor de ver morir a su familia en sus brazos. Lo siguiente que recuerda es el sofocante aire del desierto.

Allí, un grupo de niños soldados caminaba arduamente bajo un sol abrasador. A su lado, furiosos soldados adultos les gritaban por ir demasiado lento. Debían llegar al campamento enemigo antes del anochecer sin importar las consecuencias.

Y, por supuesto, hubo una batalla.

Sí, Lance, el joven huérfano, fue reclutado y entrenado como soldado para que se convirtiera en la más despiadada y peligrosa máquina de guerra que los mercenarios pudieran tener. Un joven e inexpresivo Lance caminó entre las filas de cientos de niños soldados. Liberó una cortina de proyectiles contra las líneas enemigas con su Gatling. Sus movimientos eran tan calmos como fluidos, como si estuviera por sentarse a cenar. Cuando entró en razón, se dio cuenta de que habían eliminado a todos los niños a su alrededor. Lance estaba solo, ya que el resto se había retirado pensando que a él también lo habían eliminado.

Cubierto de sangre y aferrándose a algunas piezas que había recogido en el campo de batalla, Lance logró encontrar el camino de regreso a las tropas siguiendo el rastro de las pisadas que habían dejado. Apareció en el campamento como un león que volvía de cazar. Se sentó solo en un rincón y comenzó a hacer arreglos a su botín y la chatarra que tenía en manos. Muy pronto, había montado una enorme ametralladora que lo hacía parecer aún más pequeño. Pero lo que le hizo ganar su reputación en las batallas fue la imagen de aquel pequeño Lance sosteniendo un arma colosal mientras surgía una y otra vez de las pilas de cadáveres.

Entonces, alguien comenzó a llamarlo Chico Parca.

Se libraron más batallas, y la gente empezó a omitir el "Chico" de su sobrenombre. Lance y su ametralladora arrasaban a todos los enemigos sin excepción, y sus compañeros mercenarios comenzaron a llamarlo Parca Despiadada. ¿Quién podría derrotar a la mismísima Parca?

Bill Rizer, con su rape dorado, era la combinación perfecta para la elegante melena azul de Lance. La bella historia de Bill Rizer y Lance Bean comienza con una ardua batalla entre las águilas imperiales de Lance y los marines de Bill. La amistad era un concepto del que los mercenarios jamás habían oído. Solo existía la vida, la muerte y el vil metal. Fue durante este encuentro que el aún joven Lance fue traicionado por sus compañeros y capturado por los marines de Bill. Lo esperaban torturas y el interrogatorio más brutal que uno podría imaginar. Lance siempre supo que este era un final común para los mercenarios. Para él, la muerte no era más que una realidad cotidiana.

Lance estaba lista cuando volvió a aparecer el rubio. Pero había llegado con otros planes para Lance: su liberación. Bill le explicó a Lance que no había motivos para que siguiera siendo leal a un grupo de personas que lo había abandonado a merced del enemigo. En realidad, Bill había tenido tiempo de eliminarlos a todos, así que, en cierta forma, había tomado represalias en nombre de Lance. Además, Bill había conseguido garantizar la liberación de Lance, por lo que también se había convertido en su benefactor. Lance podía unirse a la Infantería de Marina con él si lo deseaba. Claro está, tampoco tenía muchas alternativas.

Lance permaneció en silencio.

"Debo decirlo, ese espectáculo que montaste recién fue bastante impresionante". Bill había decidido cambiar de táctica y hacerle algunos cumplidos. Aunque Bill buscaba mantener un tono trivial y desenfadado, su mirada dejaba entrever que lo decía en serio.

"Ah, olvidé presentarme. Me llamo Bill Rizer. Te llaman Parca, pero ¿cuál es tu verdadero nombre?".

Fue en este momento que sintió como si algo lo golpeara. Lance había sido la Parca tanto tiempo que casi olvidaba su verdadero nombre. Lance Bean. Y, así, Lance dejó de ser la Parca, volvió a ser como era y se convirtió en el nuevo miembro de la Infantería de Marina.

Las experiencias vividas por Lance en su niñez lo convirtieron en el hombre solitario de pocas palabras que es hoy. Aunque también lo convirtieron en alguien calmo, fuerte y perseverante. Estas eran las cualidades que convertirían a Lance en la columna vertebral de la Infantería de Marina cuando dejara de ser un lobo solitario.

Una vez, mientras cumplía una misión en una isla, Lance se encontró rodeado por el enemigo. Le habían dado algunos disparos, y su equipo de comunicación estaba hecho pedazos. Lo estaban arrinconando poco a poco, el enemigo se le acercaba desde todos los frentes. Fue en ese momento que, de pronto, divisó un corte militar dorado que subía y bajaba entre los matorrales. Pronto, comenzó a sonar la dulce música de la Gatling, y los enemigos comenzaron a caer como fichas de dominó. Bill y Lance acabaron juntos con el resto de los enemigos. El enemigo había bloqueado la isla, por lo que el dúo debió vivir de la tierra por un mes. Durante este tiempo, Bill cuidó mucho de Lance, quien estaba gravemente herido. Lo asistía y también salía a cazar y recolectar provisiones. Esta vez, Bill realmente se había convertido en el benefactor de Lance. Por primera vez, Lance pudo saber lo que era un verdadero compañero de armas. Él y Bill se hicieron amigos pronto. Lance y Bill se convirtieron en el mayor dúo dinámico del campo de batalla. Trabajaban continuamente en equipo, batalla tras batalla, para cumplir los objetivos de sus misiones.

Con el paso del tiempo, Lance cambió. Se volvió más atento a las necesidades de otros y más consciente de sus propias emociones. En el equipo Contra, sobre todo, sintió que finalmente había encontrado su hogar. La actitud infantil de Bill, los incesantes regaños de Operadora Tina y el insólito parecido que Lance veía entre Pulse y él mismo… A pesar de que la mayor parte del tiempo Lance sigue siendo la presencia reservada y solitaria que solía ser, sobre todo, cuando está en la armería trabajando en una nueva arma, no hay duda de que su nueva familia en el equipo Contra lo ha cambiado. Ahora es más tolerante y está más dispuesto a confiar en los demás. Un nuevo Lance ha surgido en el equipo Contra. Resulta que, todo este tiempo, la Parca tenía un nombre, y ese nombre era Lance Bean.

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S Artillera fantasma

Toma una dosis de mi cañón, ¡y entonces hablaremos!.

Alice empezó a aprender el arte del combate con un mentor misterioso cuando era muy joven. A los 16 años, se unió al gobierno de la Federación Terrícola para buscar venganza por la muerte de sus padres. Sin embargo, le asignaron un trabajo de escritorio. Solo dos años después la transfirieron a la Infantería de Marina como subteniente con una destreza física increíble. Juró que iría a la batalla por el bien de sus seres queridos.

En el año 2626, Europa había sido completamente reconstruida luego de que la Mancomunidad la destruyera por completo. Parecía que los días de paz de antaño por fin habían regresado. Sin embargo, en el fondo, todos sabían que la paz y la tranquilidad de la que gozaban durarían mucho y que una tormenta se avecinaba.

Eran las siete de la mañana y los rayos del sol de la mañana acariciaban suavemente la tierra. Las aguas del río Thelenbach se tiñeron de color oro y emitían un ligero resplandor. El colgante en forma de cruz que Alice llevaba en el cuello también reflejaba la luz del sol de la mañana.

Alice, que llevaba una boina un poco pasada de moda, estaba de pie bajo un enorme manzano con su madre. Era una escena sacada de un cuadro de John Constable. Fue en ese momento que notó un escarabajo en uno de sus zapatos. "¡Ay, qué asco!", exclamó mientras sacudía sus pies para tratar de quitarse al insecto de encima. La madre de Alice tomó al escarabajo con delicadeza y lo colocó debajo del árbol. Luego, empezó a enseñarle una canción a Alice. Los sonidos de ellas dos cantando se podían oír desde el otro lado del agua...

Diez minutos después, un autobús escolar apareció por la esquina. Alice levantó el brazo y comenzó a saludar, a pesar de que el autobús aún estaba lejos. Con una gran sonrisa en el rostro, corrió hasta el asiento del conductor para abrazar a su padre. Alice, de seis años, estudiaba en una escuela religiosa donde su madre enseñaba historia y su padre conducía el autobús escolar. Todas las mañanas, Alice salía de la cama a regañadientes mientras el sonido de su padre que cerraba la puerta principal recorría la casa y el olor a tostadas recién preparadas indicaba el comienzo de otro hermoso día. Su padre primero se dirigía a la escuela, tomaba el autobús y luego regresaba para recoger a Alice y a su madre. Para Alice, el autobús escolar era como su segundo hogar y sus compañeros de escuela eran como sus hermanos y hermanas. La pequeña y pícara Alice se encargaba de armar un gran alboroto junto a sus amigos tan pronto como subía al autobús. A veces, incluso desafiaba a los chicos mayores en la parte de atrás a ver quién tenía más fuerza. A pesar de las constantes quejas de su madre sobre la seguridad y el decoro, Alice jugaba como quería, y el sonido de su risa resonaba por todo el autobús. En momentos como esos, su padre bajaba la velocidad del autobús ligeramente, miraba a su hija a través del espejo retrovisor y simplemente disfrutaba del momento.

Los niños de la escuela a menudo jugaban a un juego en el que recreaban una escena de la Biblia. Alice siempre interpretaba el papel de la persona que salvaba a todos de la oscuridad, la que siempre encontraba la salida más rápida. Su personaje siempre era el más valiente, el más inteligente y el que iba al choque contra el enemigo. Alice creía con seguridad que era una mensajera que había recibido la palabra de Dios, y que su tarea era erradicar todos los males de la Tierra y difundir el mensaje de amor por todos lados.

Pero, en ocasiones, la vida tenía otros planes. Y eso la desconcertaba. ¿Dónde estaba Dios en esos momentos? Un día, después de un viaje, Alice decidió caminar a casa en lugar de tomar el autobús. Vio a un grupo de personas de aspecto sospechoso paradas alrededor de una figura pequeña y encogida. Parecía que le estaban robando. Alice corrió hacia el grupo, levantó la cruz que llevaba colgando en el cuello y dijo, en nombre del Todopoderoso:

"Deténganse ahora. ¡Dios los está observando!". El grupo empezó a reírse de ella.

"¡Déjenlo en paz! ¡Llévenme a mí en su lugar!", gritó. Con su sacrificio, Alice había intentado que los malhechores entraran en razón. "Padre nuestro que estás en los cielos... haz que tu sol ilumine a malos y buenos, y que la lluvia caiga sobre justos e injustos...". Alice recitaba sus versos cuando, de repente, recibió un puñetazo que la envió directo al suelo. Ella se sentó y continuó: "...No resistas ningún mal; pero a todo aquel que te golpee en la mejilla derecha, ofrécele también la otra...".

Una mano mugrienta se estiró hasta la cruz que colgaba de su cuello y Alice oyó una voz que dijo: "Esto debería valer algo de dinero".

"¡Devuélvemelo, ladrón!", Alice se lanzó hacia adelante, logró tomar esa mano y la mordió con fuerza. Una vez más, terminó desparramada en el suelo. De repente, apareció una persona misteriosa vestida de negro y sometió a los ladrones. Entonces, le devolvió la cruz a Alice. Alice, que estaba a punto de estallar, trató de controlar sus emociones mientras intentaba alcanzar en silencio a la persona misteriosa antes de que se fuera. Sin embargo, en cuanto dobló por la esquina, la figura había desaparecido. "¿Me buscaba, señorita?", la persona misteriosa había reaparecido de repente detrás de ella.

"¿Me enseñarías lo que acabas de hacer?", preguntó Alice.

"¿Crees que tu Dios estaría de acuerdo con eso?", le respondió la persona misteriosa.

Alice no sabía qué responder. ¿Debía amar a sus enemigos o responder a la violencia con violencia? A su corta edad, esta era una pregunta que aún no podía responder. Sin embargo, nació para ser una guerrera. No solo tenía fe, sino que también era muy sagaz y ágil. Y, por supuesto, tenía la capacidad de amar. Esto era claramente algo que la persona misteriosa había visto en ella.

Alice comenzó sus lecciones regulares con su nuevo mentor. Cada fin de semana, se escapaba al punto de encuentro designado y tomaba lecciones de artes marciales y tácticas de combate.

De repente, en un abrir y cerrar de ojos, pasaron diez años.

Los alienígenas lanzaron un ataque total contra la Tierra en el año 2636.

La tormenta finalmente había llegado.

Eran las siete de la mañana y, una vez más, Alice estaba parada junto al manzano cantando una melodía. Ya estaba en la secundaria, pero todavía esperaba con su mamá para saludar a su papá cuando se detuviera a recogerla. El autobús escolar dobló en la esquina y venía hacia ellos como siempre. De repente, una bomba cayó justo donde estaba el autobús, y explotó al instante. Su madre, totalmente conmocionada, se quedó inmóvil. Alice la tomó de la mano y comenzó a correr hasta la casa. Luego, se dirigió al garaje del sótano y sacó la ametralladora que tenía escondida. Estaba lista para pelear. El cielo que se alzaba sobre el Thelenbach se llenó de humo, y los proyectiles arrancaron de raíz a los manzanos uno por uno... Ante este ataque alienígena, Alice no logró salvar ni una sola alma. Su abuelo había perecido en la guerra de la Mancomunidad, y ahora Dios le había quitado a sus dos padres el mismo día. Alice estaba desconsolada.

Entonces, volvió a ver a su misterioso mentor. Esta vez, sin embargo, no había ido a darle una lección sobre tácticas de combate o artes marciales. En cambio, le contó a Alice una historia sobre Dios y el hombre. Era una historia que contaba que el poder de poner fin a la guerra no estaba en manos de Dios, sino en manos de los humanos.

Después de que la persona misteriosa se marchó, Alice se dirigió a la iglesia. Allí, le preguntó a Dios: "Padre nuestro que estás en los cielos: ¿qué es el amor?". Pero no obtuvo respuesta. "Entonces, ¿qué significa tu silencio?". Alice estaba decidida. Aun así, no recibió respuesta. Alice tendría que encontrar la respuesta ella misma. Aunque amaba a sus padres y a las personas del mundo, esta vez no había forma de que pudiera amar a su enemigo. Si tuviera que amarlos, lo haría eliminándolos para siempre.

Alice salió de los restos de la iglesia, decidida a unirse al gobierno de la Federación Terrícola. Usaría todo lo que estuviera en su poder para proteger a las personas que amaba. ¡Iría a la guerra! La entrevista de contratación fue muy sencilla y Alice ni siquiera tuvo que someterse a un examen físico. Su entusiasmo, sin embargo, se desvaneció en su primer día de trabajo; había conseguido un trabajo de oficina en la Federación Terrícola. Todo lo que tenía que hacer, día tras día, era transportar documentos entre las distintas oficinas. En lugar del uniforme de combate que estaba esperando, recibió un atuendo de falda y traje elegante, con unos zapatos en punta. Alice estaba abatida. Cada vez que caminaba por los pasillos de la oficina con una pila de documentos en sus brazos, captaba la atención de las personas que la veían, como si fuera un animal gracioso en el zoológico. Los hombres, en particular, tenían una mirada que decía: "Vaya, no me molestaría llevarme a esta preciosura a casa. ¡Después de todo, alguien tiene que preparar el desayuno!". Pero a Alice eso ni siquiera se le cruzó por la cabeza.

Fue a buscar a su mentor misterioso, con la esperanza de que pudiera ayudarla. Sin embargo, la puerta estaba cerrada y trabada, y su mentor no estaba por ningún lado. Quizás esta vez tendría que confiar en sí misma.

No obstante, su oportunidad de brillar llegó muy pronto. Un espía de Halcón Rojo que había intentado acceder a la sala de documentos fue descubierto y terminó tomando a una trabajadora como rehén. Alice, que estaba en la escena, se apresuró, levantó la cruz que colgaba de su cuello y dijo en nombre del Todopoderoso:

"Detente ahora. ¡Dios te está observando!". Solo se oyó una risa estridente.

Alice dio un paso adelante y continuó: "¡Libérala! ¡Puedes llevarme a mí en su lugar!". El espía extendió la mano, agarró a Alice y rápidamente le rodeó el cuello con el brazo.

"Mmm... ¿Qué es esto? ¿Tu fe? ¿Cuánto vale eso?", preguntó el espía mientras intentaba tomar la cruz que Alice llevaba en el pecho. Sin embargo, ella pronto lo detuvo sin dudar:

"¡Ladrón asqueroso!". En un abrir y cerrar de ojos, Alice había sometido al intruso y lo entregó a los oficiales que acababan de llegar a la escena.

Los superiores de Alice estuvieron de acuerdo en transferirla a una unidad de combate una vez que cumpliera con los criterios de aptitud física.

Al comenzar el entrenamiento, Alice se dijo a sí misma: "¿Encargarse del papeleo? ¡No es lo mío!".

Dos años después, Alice había conseguido una condición física increíble. A los 18 años, el coronel Bahamut la descubrió y la transfirió a la Infantería de Marina como subteniente.

En la base, Bill se acercó a Lance y le dijo en voz baja: "Oye, hoy se nos unió una muchacha preciosa. La transfirieron de la oficina. Escuché que solía preparar el café". Lance levantó la cabeza para echar un vistazo. Alice entró en el cuartel general con su uniforme de combate. Miró a Sheena mientras entraba corriendo a la habitación: "¡Esa chica de orejas de conejo es adorable! Supongo que ella también es una guerrera prometedora". "¡Ah! ¿Un perro? ¡Awww! ¡¿Quién es un buen perrito?!". "Mmm. Tendría que tener cuidado con esos dos tipos duros de allí...". Alice examinó con cuidado todas y cada una de las figuras que había en este nuevo espacio. Era importante si iba a luchar junto a ellos. Sujetó con más fuerza la pistola que llevaba en las manos. Llevaba dos años esperando este día. En realidad, más bien doce. Por fin había llegado el día.

Y solo tuvo que esperar tres días hasta su primera batalla. "Sígueme..." Bill había inclinado la cabeza hacia Alice en una muestra de amistad, pero apenas había terminado de pronunciar la palabra que Alice ya había saltado al frente y... ¡BUM! Abrió fuego y derribó a un enemigo. Alice continuó avanzando mientras contaba los alienígenas que eliminaba en el camino. "Dos... Tres... Cuatro... Cinco...". Lance también se sorprendió ante semejante espectáculo. Después de todo, solo había visto una faceta de Alice, la de la chica alegre y educada de la base; no esta versión, que cargaba y disparaba su arma en rápida sucesión con una frialdad y precisión letales. "Seis... Siete...". Los disparos de su arma se reflejaban en la cruz de metal que llevaba alrededor del cuello como si fueran estandartes durante una cruzada. Ya no solo disparaba proyectiles a sus enemigos, sino gritos de angustia por todo el sufrimiento que atravesaba el mundo.

"Viejo, fue ATERRADOR", Bill le comentó a Lance más tarde. "Debe haber sufrido algún tipo de trauma en el pasado o algo así. ¿Qué estás haciendo?". Lance, que seguía concentrado en la tarea que tenía entre manos, dio las últimas vueltas al tornillo de la motocicleta antes de subir la mirada. "¡Bingo!".

"Genial, sí. Pero ¿no es un poco... femenina?", preguntó Bill mientras contemplaba las modificaciones que había hecho Lance.

Lo que no sabía, era que Lance había modificado su amada motocicleta para regalársela a Alice. "Combina bien con tu sombrero. ¡Pruébala!", dijo Lance mientras le dedicaba a Alice algo parecido a una sonrisa. Alice se subió a la motocicleta, se miró por el espejo retrovisor y se bajó la boina con alegría. Era como si volviera a contemplar a su versión más joven. "¡Bienvenida al Equipo Contra!", lanzó Bill mientras recorría deliberadamente con sus dedos la amada máquina de Lance. Alice le respondió con una sonrisa eléctrica.

Los domingos, si no estaba en una misión, Alice iba a la iglesia. También prestaba su ayuda a cualquier evento de caridad que se llevara a cabo en ese momento, como repartir comida u otros suministros a las personas necesitadas. Reservaba su compasión para sus amigos y familiares. Sus enemigos solo conocerían el cañón de su pistola. No obstante, en momentos así, volvía a ser la creyente humana y devota de antes. Cada vez que la congregación se dispersaba, se quedaba un momento más para hablar con el Señor. Y, cada vez, lo hacía con la conciencia tranquila y sin pensar en nada más. Estaba segura de que había tomado la decisión correcta, y que todo lo que debía hacer ahora era seguir ese camino, siempre que pudiera tener este momento de respiro. Todas sus acciones las realizaba con una idea única y poderosa: que, algún día, las aguas del Thelenbach volvieran a fluir tranquilas, como antes.

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B Cañonera
encantadora

¡Tomen una dosis de mi cañón!.

Sheena es una hermosa y alegre chica que, en su infancia, vivía entre guerrilleros con su padre. A pesar de que su padre se rehusaba categóricamente a decirle a Sheena siquiera una palabra sobre su madre, sí le había dado un relicario con una foto de ella. Sheena es conocida por el uso de tácticas de guerrillas en el campo de batalla. Acostumbrada a las armas pesadas, Sheena es una ágil guerrera cuya fortaleza en combate infunde miedo en los corazones de sus enemigos.

"¡¡¡BUUUM!!! ¡¿Vieron eso?!". Sheena gritó con insolencia mientras un tanque lejano quedaba reducido a chatarra. Un hilo de humo negro, similar al de un motor diesel, salía del cañón que tenía en la mano.

"Tío Bill, dime que ya terminamos por hoy…". Sheena puso cara triste y miró a Bill Rizer, quien supervisaba su entrenamiento en el campo de tiro.

"No me pongas esa cara… Bueno, te puedes ir…". A pesar de su tono, en el fondo Bill tenía en muy alta estima a esta joven miembro del equipo Contra que siempre encontraba maneras de superar al enemigo. Ella sola era que capaz de derribar a una decena de halcones rojos al mismo tiempo.

"¡Sí! ¡Hora de comer unos brownies! ¡Gracias, tío Bill! ¡Nos vemos, tío Lance!". Antes de que Bill pudiera voltearse para darle unos últimos consejos, Sheena ya había desaparecido.

"Esa chica… Su padre debe haberle puesto algo en la comida cuando era niña". Lance Bean negó con la cabeza y luego asintió. El día de entrenamiento había terminado, y, como siempre, Bill y él fueron los últimos en abandonar el campo de tiro.

"Supongo que debemos agradecer a su mamá por esta pequeña prodigio. Debe haber tomado algo durante el embarazo", respondió Bill riendo entre dientes. "Pero, ya sea en las colinas, en un bosque o en las calles, siempre estamos luchando contra fuerzas mucho más grandes que nosotros. Puede que Sheena sea joven, pero es nuestra experta en tácticas de guerrilla".

Sheena ingresó a la cafetería de la base de Contra y se encontró con SnowBear, quien la esperaba en un rincón con un pastel listo sobre la mesa. "¡Conejita!", gritó SnowBear de inmediato mientras abría los brazos de par en par.

"¡Oso Blanco!". Sheena se abalanzó hacia los brazos abiertos de SnowBear y comenzó a frotar sus sonrosadas mejillas contra la cálida y peluda barriga del oso.

"¡AY! ¡Cuidado con dónde pones ese cañón!". Un olor a quemado comenzó a sentirse en el aire, y Sheena notó que, sin darse cuenta, había apoyado su arma boca abajo en el regazo de Oso Blanco, donde ahora había una marca de piel quemada. "Cariño, me vendría bien una dona más…". SnowBear se quedó boquiabierto haciendo muecas.

"¡Je! ¡Supongo que por eso me llaman Artillera Encantadora!". Sheena tomó una bocanada de aire y sopló con todas sus fuerzas la quemadura en la rodilla de SnowBear. "¿Te sientes mejor?", le preguntó.

"¡No hay problema! ¡No sentí nada!". SnowBear levantó a Sheena con delicadeza y la sentó en su silla. Le herida en la rodilla le dolía un poco. "Aquí tienes, encanto. Te guardé la mejor parte del brownie". Fang, que también estaba ahí, los interrumpió: "Yo también ayudé a elegir".

Oso Blanco había sido amigo de Sheena desde la época de guerrillero de su padre, periodo en que ella también conoció a Fang, su leal… ¿perro? ¿Lobo? ¿Hombre lobo? Fuera lo que fuera, para Sheena, Fang era su mayor y más fiel protector. Como su padre nunca la llevaba a las misiones, cada vez que la dejaba, Sheena y Fang jugaban al policía y el ladrón juntos. Por supuesto, al pobre Fang siempre le tocaba ser el ladrón. Sheena, quien siempre había sido muy fuerte para su edad, siempre terminaba encima de Fang, quien entonces rogaba para que terminara el juego. Los juegos favoritos de la pequeña Sheena nunca consistían en jugar a la casita, sobre todo, porque siempre involucraban el olor del metal y el aceite de las armas. Sus juegos trataban siempre sobre guerrillas, el ejército de resistencia, etc., y las armas que usaba no eran de plástico, sino reales. Desde armas Gatling hasta lanzacohetes, jugaba con todas ellas. Ni siquiera las armas secuestradas al Ejército Imperial eran de repuesto. Dicho esto, ella nunca había tenido un arma favorita hasta que Lance apareció con un potente cañón energético alterable para ella. La otra habilidad especial de Sheena consiste en moverse rápido como un fantasma por el campo de batalla, incluso mientras sostiene sus armas pesadas. El coronel Bahamut, quien era un buen amigo de su padre, la elogiaba por ser una maestra de las tácticas de guerrillas desde temprana edad. Cada vez que esto pasaba, Sheena se ponía a juguetear con el relicario que llevaba puesto bajo su blusa. Creía que cada vida perdida se convertía en otra estrella en el cielo.

Sheena disfrutaba de su brownie, pero la interrumpió un fuerte estruendo en la puerta de la cafetería. Acababa de meterse un zombi enorme. Miró hacia la izquierda y la derecha, y arremetió hacia Sheena. Cuando Sheena estaba por agarrar su cañón para darle una lección, el zombi se detuvo repentinamente frente a ella. Le había llamado la atención el relicario que Sheena tenía puesto.

"¡Ups! ¡Parece que alguien olvidó cerrar el laboratorio con llave!". Fang también se había quedado atónito ante la aparición inesperada de este personaje.

"¿Por qué se quedó mirando tu colgante así? Mmm… Aunque debo decir que creo haberlo visto antes en algún lugar…".

Sheena levantó la cabeza para mirar a su estúpido sabueso, y la invadió la ira. Le gritó a Fang: "¿Qué estás esperando? ¡Deshazte de este bicho horrible ahora!".

"¡Sí, señora!". Fang saltó hacia el zombi con un brazo hacia atrás. "¡Aquí tengo un puño explosivo para ti!". Fang le dio de lleno a su objetivo, y el zombi gigante cayó de espaldas.

Cuando Bill y Lucia Zero llegaron al lugar, se encontraron con Sheena sonriendo y diciéndoles: "Ups, falsa alarma. ¡No hay nada que ver aquí! Aunque la verdad es que este bicho raro me asustó bastante, ¡así que hoy me debes una cena, Zero!".

"Por supuesto", le respondió Lucia Zero. "El zombi se le escapó al doctor. Lo lamento". Con la ayuda de Fang, procedió a arrastrar al zombi de regreso al laboratorio.

"Oye, termina tu brownie. Te ayudará a calmarte", le sugirió SnowBear a Sheena mientras volvía a levantarla del suelo y la llevaba de regreso a su mesa". Sus ojos se fijaron en el colgante que ella tenía en el cuello, pero pronto apartó la mirada. Sheena siguió comiendo su brownie, todo el tiempo con una mano en el relicario. La imagen del zombi sin pestañar aún seguía en su mente, y no podía dejar de pensar: ¿qué relación había entre el zombi, SnowBear y Fang? ¿Y qué tenía que ver su madre con todo esto?

El relicario de Sheena era algo que había dejado su madre y, en su interior, había una foto de ella. Sheena no tenía ningún recuerdo de su madre. Sus más tempranos recuerdos eran los de su época en las guerrillas con su padre, quien nunca jamás hablaba sobre su madre. Solo podía imaginar cómo era su madre al mirar aquella fotografía. Una vez, a la hora de dormir, el padre de Sheena le estaba contando un cuento, cuando de repente Sheena le preguntó por su madre. No era la primera vez. Como siempre, él no pronunció ni una palabra. Pero más tarde esa noche, le dejó un conejito rosa de juguete en la almohada. Sheena, quien aún no se había dormido, agarró el conejito, se lo acercó y comenzó a buscar la estrella más brillante del cielo. Se pasó toda la noche hablándole.Cuando su padre murió, Sheena sabía que habría más estrellas en el cielo esa noche.

"Conejito…". Con delicadeza, SnowBear llamó la atención de Sheena, quien estaba absorta en sus pensamientos. Sheena volvió a guardarse el relicario bajo la blusa. Entonces, se limpió el chocolate de la boca con el antebrazo y miró a su Oso Blanco para hacerle otra cara graciosa.

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A Oso blanco

¡Vamos, disfrutemos la batalla! ¡A no preocuparse!.

Al igual que Fang, SnowBear es un soldado de ingeniería biológica al que crearon mediante el uso de tecnología de modificación genética. Tras escapar del laboratorio donde fue creado, SnowBear se convirtió en miembro de un grupo guerrillero cuando aún era muy joven y, años más tarde, formó parte de la Infantería de Marina de la Federación Terrícola. SnowBear, un guerrero hábil y valiente, jugó un papel fundamental en la Guerra alienígena.

"Bip... bip... bip...", tenía el monitor cardíaco conectado y su cuerpo estaba repleto de electrodos que se conectaban a la máquina, así como de heridas que había sufrido en la batalla. Dos enfermeras lo examinaban. SnowBear había estado inconsciente desde que lo sacaron del campo de batalla y lo llevaron de regreso para recibir atención médica, donde el Dr. Mandrake recomendó practicarle una cirugía. El olor de los hisopos con alcohol y los desinfectantes inundaba el aire. SnowBear, que yacía en la mesa de operaciones, sentía como si hubiera regresado a su hogar. Aunque parecía estar inconsciente para un observador casual, su corteza cerebral seguía activa. Era como si hubieran transportado a SnowBear de regreso a ese laboratorio blanco que alguna vez conoció tan bien. Sentía que había regresado a ese lugar.

Una casa pintada toda de blanco con habitaciones invernales. Una pared con dibujos: una foca por aquí, un oso polar por allá... Se oyó un aullido prolongado en la habitación contigua. Posiblemente alguien o algo que había perdido la cabeza. ¿Quizás se trataba de un lobo o un perro? SnowBear oyó que se abría la puerta. Del otro lado de la puerta de hierro, emergió una mujer de unos 20 años. Le llevaba a SnowBear su comida. "¿Etranzi? ¿Eres tú? ¡Te extrañé tanto!". Etranzi se acercó a SnowBear y le acarició suavemente la cabeza. Luego, le ofreció un poco de su comida favorita, pescado, que devoró con felicidad, como si no nada importara.

Dentro del quirófano, el médico le indicó a la enfermera que colocara a SnowBear bajo anestesia. SnowBear no pudo evitar sacudirse ligeramente cuando la aguja penetró en su cuerpo.

SnowBear engulló el pescado que estaba en su plato y levantó la vista con una sonrisa sincera. Sin embargo, Etranzi se había transformado en una mujer mucho mayor que no solo tenía comida en sus manos, sino también una aguja y medicamentos. "¡Etranzi! ¿Por qué me haces esto? ¿Por qué actúas como los demás? ¡Creí que éramos amigos!". SnowBear empezó a ponerse tenso. La mujer respondió: "Tienes que calmarte, SnowBear. No queremos hacerte daño. ¡Solo queremos curar tus heridas!". SnowBear vociferó: "¡Mientes! ¡Los humanos solo saben torturarme! ¡No pienso seguir tolerándolo!".

El médico extrajo con cuidado un fragmento de bala de una de las heridas de SnowBear y lo soltó en la bandeja. Repitió esta acción varias veces. De pie fuera del quirófano, contemplando la cirugía mientras el cuerpo ensangrentado de SnowBear respiraba débilmente, estaba Fang. Aunque había perdido la mayoría de sus recuerdos, la situación que ocurría frente a él le recordó a Fang los días que los dos habían pasado juntos en el laboratorio tantos años atrás.

"Oye, bola de pelos. ¿De dónde eres?", preguntó un joven Fang casualmente a su nuevo compañero mientras rodaba por el suelo. El joven oso respondió: "No lo sé con certeza. ¡Sólo sé que era un lugar muy, muy frío!". Entonces, miró fijo a Fang, sin saber qué decir. "Muy bien. A partir de ahora, seré tu amigo", dijo Fang mientras sacudía la cola. Y agregó: "Te contaré un secreto: si te portas bien, mamá te traerá comida, ¡e incluso te cepillará el pelo y te acariciará la cabeza!". SnowBear asintió.

"Fang, ¿cómo estás? ¡Me siento terrible!". Habían pasado varios años, y un SnowBear más anciano yacía muy adolorido dentro de una jaula, a causa de una sustancia experimental que le habían inyectado. Le costaba respirar. "No... no me hables... Necesito silencio... Un momento... a solas. Y... algo de comida... Lo que sea para... para... olvidar... ¡esto!". A Fang también le habían inyectado la sustancia experimental, y estaba en la jaula contigua. "¿Por qué? ¿Por qué nos hacen esto? Mamá era tan buena con nosotros...", preguntó SnowBear. Se apoyó con fuerza contra los barrotes de la jaula, con lágrimas que le brotaban de los ojos.

Fang no se movió de su lugar fuera del quirófano en todo el proceso. Observó toda la cirugía con atención, y contempló con una concentración absoluta todos y cada uno de los fragmentos de bala que le extrajeron del cuerpo a SnowBear.

SnowBear finalmente recuperó la conciencia, unos días después de la operación, cuando Sheena lo llamó por su nombre. "¡Oso apestoso! ¡Regresaste! ¡Me diste un buen susto! Creí que no volverías...", exclamó Sheena entre lágrimas mientras corría para darle un abrazo a SnowBear. "¡Conejita! ¡Nunca te abandonaré!", respondió SnowBear a Sheena con una sonrisa, a pesar del dolor que sentía.

Sheena tomó una porción de brownie y cortó un trozo pequeño con una cuchara. Luego, llevó la cuchara a la boca de SnowBear y dijo: "¡Oso apestoso, siempre me siento mejor después de comer brownie! ¡Prueba un poco!". SnowBear abrió la boca con cierta dificultad. Sin embargo, justo cuando sentía el chocolate del brownie en la lengua, notó el collar que colgaba en el cuello de Sheena, y una gran tristeza se apoderó de él.

Buenas noches. SnowBear, aturdido, se volvió a despertar en el laboratorio de su juventud. Sin embargo, esta vez, no había ningún pez. En cambio, había personas que yacían inertes entre charcos de sangre... Había un anciano calvo, un joven y... Etranzi. Su rostro helado tenía la misma sonrisa que había esbozado antes de morir. SnowBear la miró y luego miró sus patas, que estaban cubiertas de sangre. Fang, totalmente conmocionado por lo que acababa de presenciar, estaba encogido de miedo en un rincón y no dejaba de temblar. SnowBear se acercó a Fang, pasando por encima de varios charcos de sangre en el camino. Luego, lo ayudó a ponerse de pie y lo llevó fuera del laboratorio. SnowBear se despertó de su sueño sobresaltado y empapado en sudor. La culpa aún lo atormentaba.

Transcurrieron varios meses hasta que SnowBear se recuperó por completo. SnowBear, impulsado por su profundo dolor, regresó al campo de batalla para llevar a cabo su venganza. Todo lo que podía ver cuando cerraba los ojos mientras avanzaba con su lanzador de hielo era a Etranzi, las comisuras de la boca hacia arriba mientras yacía en un charco de su propia sangre, y Sheena que le regalaba una sonrisa.

Cuando sonreía, Sheena se veía igual a su madre...

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B Cazarrecompensas

Nunca serás más rápido que mis proyectiles.

A Catelyn la rescataron Bill y Lance cuando era pequeña y creció bajo el cuidado de los marines. A los 16 años, se unió oficialmente a la Infantería de Marina por recomendación de Lance. Catelyn, ágil y flexible, solía llevar a cabo misiones de recompensa sin ningún tipo de ayuda. Tiempo después, Catelyn se apartó de los infantes de marina para convertirse en mercenaria. Volvió a la Infantería de Marina cuando reapareció el Halcón Rojo. Como parte del escuadrón de élite, Catelyn participaba en misiones junto con el equipo Contra.

Catelyn es calma y serena y, al igual que los proyectiles de su rifle de francotirador, es una asesina tan sigilosa como letal. Nadie sabe bien qué pasa por su mente, ni siquiera Bill y Lance, quienes la habían salvado de la oscuridad y criado con esmero para que se convirtiera en una de las guerreras más poderosas. Quizá lo único que nos permita comprender a la verdadera Catelyn sean sus misiones y habilidades.

El padre de Catelyn fue comandante superior de la Mancomunidad, que hoy se encuentra destruida. Cuando la Mancomunidad cayó, se llevó a Catelyn de regreso a su pueblo natal. Allí se dedicó a cazar en las montañas locales para ocultarse del radar de la recién formada Federación Terrícola y para que Catelyn y él tuvieran sustento.

Claudius Germanicus, quien estaba decidido a revivir la Mancomunidad, creó la organización Halcón Rojo en el año 2625 y comenzó a reclutar a sus antiguos subordinados de la Mancomunidad. Claudius obligó al padre de Catelyn a unirse al Halcón Rojo. Sin embargo, cuando descubrió que Claudius estaba conspirando con los alienígenas, decidió abandonar el Halcón Rojo y refugiarse con la Infantería de Marina junto con su hija. Por desgracia, el Halcón Rojo acabó brutalmente con su vida mientras intentaba escapar. Bill y Lance llegaron a la escena y se encontraron con una trémula y aterrada Catelyn que se ocultaba entre los matorrales. Ambos regresaron con Catelyn al cuartel general de los marines, donde pudo asentarse y, luego, comenzar a aprender sobre el manejo de las armas y el arte de la lucha. En aquel entonces, Catelyn tenía 12 años.

La vida en el cuartel pasó rápido, y, cuatro años después, Catelyn ya se había convertido en una hermosa joven cuya apariencia ocultaba a la decidida guerrera que habitaba su interior. Para el común de la gente, ella no era más que una adolescente que disfrutaba de usar auriculares durante el entrenamiento. Es imposible averiguar qué pasa realmente por la cabeza de esta joven. Quizá para ella la música que sacudía sus auriculares fuera una compañía necesaria para cada uno de los proyectiles cargados de odio que disparaba con sus armas.

Catelyn se unió a la Infantería de Marina por recomendación de Lance. Gracias a los cuatro años de entrenamiento avanzado con algunos de los mejores guerreros, sin mencionar su talento natural, para Catelyn, las misiones de los marines eran pan comido. Sin embargo, con el paso del tiempo, Catelyn comenzó a aburrirse de las misiones de recompensa que realizaba sola. Necesitaba un desafío más grande para seguir perfeccionando sus habilidades. Catelyn era una loba solitaria, y esto generaba mucha preocupación en Lance y Bill. ¿Cómo podría cuidarse bien sin ningún tipo de ayuda? Pero, cada vez que Catelyn regresaba de otra de sus misiones sana y salva —y muy desconcertada—, parecía demostrar que las inquietudes y constantes regaños de Bill eran injustificados.

Catelyn abandonó la Infantería de Marina cuando tenía 20 años y le dijo a Bill que lo hacía porque deseaba ser libre. Lance convenció a Bill de que no buscara detener a Catelyn.

Durante los próximos cinco años, Catelyn desapareció sin dejar rastro, y el único indicio de que seguía con vida eran los rumores de sus proezas.

"La cazarrecompensas Catelyn elimina a líder rebelde".

"Catelyn se deshace de oficial gubernamental del país M".

"La máquina neutralizadora Catelyn persigue a líder del Halcón Rojo a plena vista"

...

Lo único que Bill y Lance podían hacer era prestar atención a las noticias sobre Catelyn, sin importar cuán preocupantes fueran. No tenían más opción que esperar a que su joven guerrera volviera a visitarlos.

Finalmente, Catelyn regresó al rebaño cuando el Halcón Rojo volvió a hacerse presente. Una vez más, estaba con los marines y luchaba junto a Lance Bean y a Bill Rizer, el guerrero más poderoso.

Aun así, nadie sabía qué le había ocurrido a Catelyn durante esos cinco años. Lo único que se sabe es que los constantes regaños de Bill están de vuelta, y que el rostro de Catelyn no revela nada en absoluto.

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A Hombre lobo

¡Un cañón de mano a mi izquierda, destrucción a mi derecha!.

Una criatura con aspecto de lobo que se sospecha que es un soldado de bioingeniería, aunque nadie lo sabe con certeza, ni siquiera el Dr. Mandrake. Sufre episodios de amnesia ocasionalmente y, a menudo, se ve perturbado por fragmentos de recuerdos que aparecen como destellos ante él en diversos momentos. Sin embargo, por fuera, siempre luce feroz e indómito.

"7 de mayo. Lluvia.

Mis episodios de amnesia no me convierten en un lobo feliz... ni en un hombre.

"Adiós, amor mío...". ¡Qué canción tan triste!

Recuerdo esa casa blanca en la que vivía de niño, y recuerdo que mamá y papá me traían gachas y cecina a la misma hora todos los días. Solo disponía de una hora de juego en aquel entonces, pero igual era muy feliz. Me pregunto qué habrá pasado con ese oso gordo y peludo que estaba junto a mí. No podré rastrearlo con el olfato si huyó hacia el hielo y la nieve.

Qué extraño. ¿Por qué estoy pensando en el pasado? Puede que no recuerde nada por la mañana".

-Fang estaba sentado en la cama, apoyado contra el escritorio que estaba a su lado mientras escribía en su diario. A decir verdad, la idea de dormir en una cama todavía le resultaba bastante ajena.

Más de una vez se había despertado debajo del escritorio. De cualquier manera, no podía dejar de sentir que la cama vacía le pertenecía a Sheena. Sheena fue algo así como la ama de Fang mientras estaba en la guerrilla, aunque ella nunca le había arrojado ni un hueso. A pesar de que nunca comprendió realmente que las guerrillas estaban del lado correcto de la historia en ese entonces, todo parecía encajar a la perfección cada vez que luchaba junto a Sheena. Hoy en día, sin embargo, no era más que un matón a sueldo que trabajaba para el Dr. Mandrake. Estaba en el laboratorio del doctor, en lo profundo de una selva tropical en México, y no tenía idea de lo que se suponía que debía hacer. Bueno, al menos había podido descansar de los combates... Aunque detestaba estar cerca de los zombis.

"10 de mayo. Lluvia. De nuevo.

Esta noche fue una llovizna. Las gotas delicadas caen con sutileza, casi mágicamente, como si se tratara de una manta reconfortante. ¡Una noche perfecta para beber!

¡Ja! No puedo creer lo que acabo de escribir... ¡Es casi poesía! Debería ser poeta.

Me llama la atención la cantidad de criaturas que se pueden encontrar en este bosque: tigres, bárbaros, zombis... Escribiré sobre todos ellos en mis poemas en el futuro".

-Parece que Fang atravesaba otro de sus episodios de amnesia. Algo que, si lo vemos desde otro punto de vista, no sería tan malo después de todo, en especial por su falta de adaptación a vivir sin un amo o una ama a quien servir.

"3 de junio. Nublado.

"¿Qué diablos es ese maniático gigante? ¡Hasta sabe usar el cortador ascendente! ¿¡Qué…!? ¡No me digas que también sabe usar el cortador de combos! Bah, ¡me da igual! ¡Le daré una lección!".

-El "maniático gigante" era conocido como el Soldado demoníaco, una nueva generación de zombis desarrollada por el Dr. Geo Mandrake. Eran más flexibles y más parecidos a un humano en comparación con sus predecesores. El doctor sabía que no podría desarrollar y probar la versión 3.0 de su fórmula en lo profundo de la selva tropical para siempre, por lo que necesitaba algún tipo de "arma secreta" para mantener a raya a invitados no deseados. Les presento a Fang. Siempre tenía que ser más grande y más fuerte que cualquier otro tipo... incluso aunque no lo fuera.

"4 de junio. Sigue nublado.

Resulta que el Soldado demoníaco dominó el Shoryuken. Parece que vuelvo a perder mi utilidad. Mañana me darán otra bolsa de alimento para perros. ¡Espero que el doctor no me rebaje la ración por algún motivo!".

-Esa noche, Fang intentó practicar el Hadouken, pero fue en vano. Al día siguiente, al no ver a Fang por ningún lado aunque el sol brillaba alto en el cielo, el doctor envió a alguien a buscarlo. El mensajero encontró a Fang tirado en la cama, con la lengua colgando de su boca a un lado, en una habitación con poca luz que se colaba entre los árboles que había fuera de la ventana.

"5 de junio...".

-Fang no logró escribir en el diario aquel día, porque fue el día en que lo capturaron. El Equipo Contra finalmente ubicó el laboratorio en la selva tropical y lanzó su asalto, y no pasó mucho tiempo hasta que capturaron a Fang. Al final, el Hadouken y el Shoryuken no eran los movimientos más poderosos del mundo. ¿Y qué ocurrió con el cañón que llevaba conectado a su brazo izquierdo? Parece que no estaba calibrado y las balas no iban en la dirección en que apuntaba. Comenzó a sentirse un poco tonto, una sensación que nunca antes había tenido, y mientras aún se esforzaba por repeler el asalto al laboratorio, se percató de que el doctor se había marchado hace mucho.

"10 de junio. Salió el sol.

Las nubes se disiparon y el sol volvió a salir. Sin embargo, todavía me siento bastante triste. No solo no recibí mi ración de este mes, sino que también me capturó una organización llamada... Contra, o algo así. Parece que buscan al doctor. Bien, supongo que les pediré mi ración a ellos. Un momento... Hay una chica con coletas, y también ese oso gigante... ¿De dónde los conozco...?".

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A Valquiria mecánica

¿Quién…? ¿Quién soy?.

Después de haber perdido a su amada hija Lucia en la guerra, el Dr. Geo Mandrake investigó tecnologías celulares e ingeniería genética durante años para devolverla a la vida. El primero de sus especímenes que cobró conciencia se llamó "Zero".

... Un cuerpo frío y sin vida yacía en una cápsula criogénica cuando el Equipo Contra llegó al Archipiélago Galuga. Se trataba de un clon creado por el Dr. Geo Mandrake, en un intento de devolver a su difunta hija Lucia a la vida. Sin embargo, su experimento no tuvo éxito y el cuerpo inanimado terminó convirtiéndose en un "botín de guerra" para el Equipo Contra. El proyecto finalmente terminó de concretarse en la base de la Infantería de Marina.

La tecnología se puede utilizar para crear zombis, como también para dar vida. Fue Bill Rizer quien le puso el nombre "Lucia Zero". Si bien el clon era idéntico a Lucia y hablaba como Lucia, al mismo tiempo, era un lienzo totalmente en blanco. No tenía recuerdos, emociones, deseos ni motivaciones. Era como si hubiera nacido para luchar. Entonces, empezó a entrenar bajo la tutela del Equipo Contra. Se convirtió en Lucia Zero, la doncella mecánica de batalla, pura de corazón y de apariencia deslumbrante.

Zero era una luchadora valiente. Si hubo un aspecto que siempre tuvo muy en claro fue que debía avanzar con valentía, cueste lo que cueste. Era su razón de ser, y quien se interpusiera en el camino, debía morir.

La vida de Zero era simple y directa. Trataba a sus amigos, a sus enemigos y a sí misma con total y absoluta indiferencia. Era amigable con sus compañeros de equipo y seguía las órdenes sin cuestionamientos. Era muy sencillo trabajar con ella, especialmente porque nunca, jamás, emitía una queja. Para ella, la batalla no era más que un juego. Todo lo que hacía durante sus días era apretar el gatillo... Por supuesto, tuvo sus momentos de duda. Se preguntó por su pasado y por Lucia. Sin embargo, estos pensamientos se desvanecían con la misma rapidez con la que aparecían en su mente. "Pero... ¿quién soy?". "Soy Lucia Zero. Nada más".

Sin embargo, nunca enfrentó realmente la pregunta sobre su identidad hasta que volvió a encontrarse cara a cara con el Dr. Mandrake. Fue durante una batalla que Lucia Zero terminó separándose del doctor, y fue otra batalla, en un puerto controlado por Halcón Rojo en el Golfo de México, la que los volvió a unir. Sin embargo, no hubo besos ni abrazos en el reencuentro. Si bien el doctor era técnicamente quien le había dado la vida, tanto desde un punto de vista científico como biológico, Lucia no tenía idea de cómo responder a sus muestras genuinas de afecto. Después de todo, los recuerdos formaban parte de las características que no le había concedido. Apenas habló durante el encuentro. No por despecho, sino porque realmente no tenía alternativa.

El Equipo Contra finalmente logró convencer al Dr. Mandrake de que se quedara y cuidara de Lucia Zero. Zero empezaba a sentirse más como en casa. Tenía sus ejemplos a seguir con Bill y Lance, con sus amigos Operadora Tina y Pulse, y ahora, con su padre. Por supuesto, los dos hablaban de Lucia con bastante frecuencia al principio. Sin embargo, a medida que pasó el tiempo, el doctor empezó a llamarla "Zero". Al mismo tiempo, Zero había empezado a forjar una nueva vida, con nuevos recuerdos propios.

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